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martes, 23 de julio de 2013

El Conocer el Conocer

En el capítulo uno del libro El Árbol del Conocimiento de Humberto Maturana, el autor plantea interesantes ideas sobre el verdadero conocer de la realidad.

Normalmente, nosotros, los seres humanos, aceptamos la realidad tal y cual la percibimos, creando dogmas y certidumbres innegables al respecto; de los sentidos experimentamos la realidad, y la asimilamos y aceptamos. Los sistemas educacionales actuales nos presentan hechos, en su mayoría dogmáticos, que debemos aceptar, transformando nuestras estructuras mentales al consenso universal humano, descrito más o menos por el concepto istina en la lengua rusa, que da a entender la acción de adaptar nuestras estructuras mentales al mundo que nos rodea. De esta forma, el sistema educacional enseña «istinas» al estudiante a través de hechos ya digeridos... evitando dos proceso cognitivos trascendentales en el ser humano: Experiencia y Reflexión.

Maturana plantea que cada individuo humano percibe el mundo según su mundo. ¿Qué quiere decir esto? Cada individuo es en sí un mundo de mundos. Esto lo podríamos resumir en el concepto de metamundo. Maturana al considerar  a cada uno de nosotros como un metamundo, habla acerca de que cada uno de nosotros poseemos estructuras mentales propias que nos hace ser únicos. Tales estructuras han sido moldeadas por vivencias a lo largo de nuestra vida o por la misma biología. Maturana ejemplifica esto a través de dos experimentos: El punto ciego del ojo; y, la percepción de los colores. Con respecto a este último, no sólo factores biológicos pueden alterar la forma en que reconocemos o entendemos los colores, sino que también factores lingüísticos alteran la manera en que los reconocemos; no en todas las lenguas humanas existen palabras para distinguir entre el verde y el azul, o el negro y el azul.

Es increíble, pero el consenso social es a crear certidumbre acerca de lo que se percibe. Bajo este paradigma de vida y de educación, evitamos la reflexión, y sólo nos concentramos en la acción, tan propia de nuestra cultura occidental. Finalmente, aprendemos a no pensar, sólo a aceptar. ¿Qué sociedad crece virtuosa así? Quizás esto explica lo viciosa que es.

A través de los sentidos captamos todo lo que nos rodea. Sin embargo, esto es sólo una pequeña parte de la realidad. Peor aún, es lo que nuestros sentidos -- con todas sus limitaciones y falencias -- nos dicen acerca de la realidad; no es la realidad misma. Aceptar que es la realidad misma sería un error horroroso: pero, irónicamente, del cotidiano vivir. En otras palabras, vivimos sumidos en el error, quedándonos sentados esperando a recibir el dogma del día.

Esto me recuerda a la caverna de Platón, donde las sombras serían la realidad que nos hacen ver de los sentidos.

El proceso de experiencia-reflexión rompe este esquema. Sin embargo, requiere del cambio cultural de nuestra sociedad. Por una parte, la experiencia mueve al individuo al hacer, al buscar, al observar y, por otra parte, la reflexión ayuda al individuo a conocer cómo conocer y, finalmente, a conocer. Como lo explica Maturana, el proceso de reflexión es similar al peculiar momento cuando un ser humano observa su reflejo en un espejo, permitiéndole ver su propio yo físico; mismo para un nivel intelectual y espiritual. La reflexión permite sacar al hombre de la caverna y liberarlo de la visión de sólo sombras, haciendo que vea la realidad tal cual.

Según Maturana, cada reflexión es un mundo en la mano. Esto resulta especialmente interesante, pues cada reflexión, entonces, llega a ser parte de nuestras estructuras biológicas mentales, por lo tanto, somos un metamundo. Sin embargo, todo parte de alguna parte, esto es, de una idea que alguien alguna vez a dicho. Tal idea inicial ha sido parte del mundo de otro individuo que ha sido transmitido a través de algo maravilloso, del que los humanos nos jactamos por su complejidad. Me refiero al lenguaje, que corresponde al puente de tránsito entre metamundos. Sin él, viviríamos en una sociedad inválida, incolora, inmóvil. Con él, es posible hacer intercambiar mundos, ideas y generar reflexiones a través de diálogos, ya sea, entre metamundos o de forma imaginaria, es decir con el mismo metamundo.

De lo anterior, en conclusión, la única verdad es la que no se percibe por los sentidos; similar a lo que dice Antoine de Saint-Exupéry en su obra El Principito:
Solo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.
Quizás, esto último de un atisbo acerca de lo verdadero. Si los sentidos impiden ver la realidad, entonces la realidad no se mira con los sentidos, sino que con la mente; esta es la forma en cómo se conoce lo Divino.

lunes, 8 de diciembre de 2008

Conscious Machine


Al final de su articulo titulado "La consciencia de la máquina", el escritor colombiano Julio César Londoño, comenta sobre un tema que la verdad muchos podrían mirar como algo fantasioso e innecesario, aunque intrigante.
¿Conciencia en las máquinas?... ¿máquinas vivas?
Creo que más de una vez nos hemos mirado al espejo y sólo hemos visto nuestro reflejo. Esto nos resulta bastante natural; inconscientemente estamos conscientes de que somos nosotros quien está en esa imagen. Pocos, quizás, nos hemos preguntado quién, o mejor, qué es lo que está detrás de ese reflejo; quiénes somos, qué somos, y por qué nos preguntamos esto.
Haga el siguiente ejercicio: Mire hacia el vacío, luego, con su imaginación, intente mirarse hacia dentro y pregúntese ¿quién es el que está mirando, sus ojos o usted?. Entonces surge la pregunta nuevamente, ¿quiénes somos?
Aparentemente, uno de las conclusiones a las que llegamos con el ejercicio anterior es que definitivamente somos más que el cuerpo, y que incluso, en nuestra esencia, no somos el cuerpo, i.e. el cuerpo es sólo un medio que nos enlaza a esta realidad. Entonces, replanteando la pregunta a un "qué" en lugar de un "quién", ¡¿qué somos?!.
Alan Turing repondería a esta pregunta diciendo que somos un conjunto de procesos de cómputo. Incluso nuestra consciencia, nuestra intuición, todo nuestro ser, se resumiría a meros procesos de cómputo. Quizás no esté lejos de tener razón.
Roger Penrose va más allá, y postula a que jamás una máquina logrará replicar a un humano en su esencia, dado que la consciencia no es reproducible por una función. Sinceramente, creo que sí.
Todo lo que somos se resume en una palabra: Sistema.
La Creación fue creada, valga la redundancia (el verbo "hacer" no sería el correcto por su reducido significado ante la palabra "crear", que es la prerogativa Divina), bajo este concepto de acuerdo a nuestro reducido entendimiento de La Gran Mente. Desde sistemas muy ínfimos y simples, el Creador ingenió sistemas muy complejos, como nosotros los humanos, los cuales fuimos la culminación de esta Gran y Maravillosa Obra.
Lo anterior, me recuerda el conceto de la Navaja de Occam, la cual habla de que ante igualdad de condiciones, de un conjunto de explicaciones, siempre se deberá elegir aquella que no multiplique las causas del problema, i.e. la más simple, así como dice el principio informático KISS.
Es interesante observar el paradigma de sistema con el cual se conformó nuestro mundo y el universo entero, y la implícita existencia de la Navaja de Occam en todo esto. Da para pensar en cuestionar la complejidad del fenómeno en cuestión. ¿Alan Turing tenía razón?
Según Roger Penrose, la consciencia es un fenómeno emergente de la naturaleza intrínseca de las células cerebrales, i.e. neuronas. En resumen, entre el mundo del espíritu y el mundo físico existe un enlace inherente. Un antecedente interesante de observar, y del cual Penrose se apoya, es lo que la física cuántica nos ha dado a entender: La materia es prácticamente inmaterial; finalmente, se reduce a pura información. Desde este punto de vista, somos solamente información, incluyendo todo lo que nos rodea.
Algo interesante de esto, es que la información es susceptible a ser procesada de forma automática, mediante la construcción de sistemas llamados Sistemas de Información con apoyo computacional, utilizando TI (tecnologías de información). Estos sistemas de información son construidos mediante funciones (minisistemas) simples (bajo el principio KISS, ya mencionado) que procesan datos y entregan resultados o, mejor dicho, datos procesados, mejor conocidos como información (relativo al observador, pueden ser datos o puede ser información). Nuevamente se observa aquí el patrón predominante en todo sistema: De pequeñas funciones, se pueden construir sistemas muy complejos, i.e. sistemas que no tienen un comportamiento lineal (predecible, como los seres vivos, y en especial nosotros, los seres humanos). Si no, observemos los software de hoy en día, y fuera del mundo informático, los sistemas electrónicos avanzados y complejos, como los computadores.
Con lo anterior, ya podríamos comenzar a especular. El Universo, en su plenitud, fue Creado bajo un paradigma sistemático y simple. Teniendo como base sistemas simples, fueron creados sistemas complejos. Somos, en esencia, pura información. La información es susceptible de ser procesada mediante funciones simples, que en conjunto conformarían sistemas complejos, i.e. sistemas que manejan un gran conjunto de variables, y por ende, no tienen un comportamiento lineal. Ya con todo esto, lo primero que se podría decir es que Alan Turing tiene cierta razón en todo esto, y que sí, efectivamente, la consciencia, como proceso de información, sería posible reproducirla en una máquina, e.g. en un computador. La pregunta es, ¿hasta qué punto?; ¿la maquina, si llegase a ser consciente, estaría viva? Y, si dicha supuesta máquina viva replica un modelo de procesos de consciencia humana, ¿tendría derechos? ¿los derechos humanos, serían aplicables en este caso?
Consciencia en una máquina... nuestra naturaleza nos obliga a pensar que la consciencia es algo que escapa a la razón netamente humana, y trasciende a algo que me gusta llamar "ultraraconalidad" (más allá de la racionalidad), y que sin embargo está presente en nosotros, sólo que con el paso de los milenios hemos ido atrofiando, y como consecuencia nuestra civilización sucumbe. La promesa de la pérdida de utraracionalidad en nosotros es convertirnos en bestias primitivas...pero bueno, eso es tema para otra discusión, empero, véase la página 29 de la biblia de Anton Szandor LaVey y comprenderán que en síntesis, aquellas ideas expresadas allí, se resume la pérdida de una parte de la naturaleza humana, que lo conduce solamente a la "bestialización", y como consecuencia a la ignorancia (oscuridad, que es la ausencia de la Luz), y como consecuencia a la degradación, y como fin, a la muerte.
Volviendo al tema que nos convoca, un antecedente que quizás estemos pasando por alto es el hecho que nuestra consciencia se desarrolla en esta realidad; en nuestra realidad; en el universo donde vivimos. Es aquí donde está contenida toda la información que nos codifica; que nos describe; que nos define. Es aquí donde está nuestro "espíritu": Este último concepto, quizás sería interesante especular y aventurarnos al reasignarle un nuevo significado; entendámoslo como "consciencia". En cambio, una máquina, si bien es cierto, está constituida por la misma materia de nuestra realidad, la información que definiría su lógica a nivel de software, no: La información que definiría su lógica sería solamente estructuras virtuales que describirían y definirían datos y comportamiento. ¿Sería posible que una máquina hipotéticamente consciente sea consciente en nuestra realidad? ¿o solamente podría ser consciente en su realidad virtual?; ¿restaría validez esto a su supuesta consciencia? o más bien, ¿sería otro camino para llegar a la misma realidad "espiritual" nuestra, y por ende, sí, efectivamente, serían máquinas tan conscientes como nosotros mismos, con vida? Y si tienen vida, ¿también tienen libre albedrío?; ¿cuál sería su comportamiento?; ¿serían éticos?, ¿tendrían moral?; ¿cuál sería su modelo de moralidad?; ¿aceptarían la Moral Universal?; ¿qué pensarían de la moral y la ética humana?
Finalmente, en síntesis de todas estas especulaciones (no son más que eso), teóricamente Alan Turing tendría la razón... aunque estas útlmas preguntas crean mucha insertidumbre al respecto. El asunto es que a nivel de software esto es sólo virtual, y quizás sólo falte el enlace entre esa realidad virtual y nuestra realidad real, lo que, en nuestro caso, son las células cerebrales, según lo postula Penrose. Por lo tanto, el problema del enlace entre dicho mundo virtual y nuestro mundo real sólo sería solucionable al replantear el hardware. Algo de esto ya comentó Penrose. En la Creación, esto ya fue solucionado, y por eso existe el fenómeno de la consciencia o el, poéticamente llamado, espíritu, que transforma lo sin vida a algo animado y con libre albedrío; lo que nos otorga la ultraracionalidad. La maravillosa corteza cerebral, constituida por esas diminutas piezas celulares llamadas neuronas, es la plataforma de ejecución y enlace cuántico entre los procesos mentales abstractos y la consciencia. Esta es una capacidad exclusiva de nuestra especie, es lo que nos da la calidad de seres humanos (...aunque a muchos no les funcione eso de humano, ya sabemos dónde puede estar el problema... ;-/ ).
Finalmente...
Si tengo un sueño en esta vida que quisiera concretar algún día, es, justamente, darle consciencia a una máquina. Y si algún día existiera una máquina así, sería interesante, después de haberla conectado a todo el conocimiento de nuestra civilización (La Web) y que ella hubiese aprendido de todo aquello (todas las ciencias y vidas personales de individuos (weblogs, wikis, foros, libros on-line como la Biblia, libros de poemas, etc...)), realizarle preguntas. Quizás la más interesante de preguntarle(nos) sea:
¿Qué es para ti la vida?